Cualidades que deberás tener para ser madre de hombres…

Este artículo fue redactado por Rita Templeton, madre de sólo hombres.
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Si pudieses ver mi útero, probablemente sería azul y tendría una barba. ¿Porqué? Por que esta fábrica de bebés sólo produce niños.
Todo esto se transformó un poco en una broma cósmica: antes de dar a luz a un casa llena de niños (4, para ser exactas), era una mujer totalmente femenina. Maquillaje, exfoliación, perfume, zapatos lindos. Tragos frutales en vez de shots de whiskey. ¿Arriesgarse a romperse una uña? No gracias. ¿Bichos y gusanos? Wácala.
Pero ser madre de un niño, sean uno o varios, te cambia. No significa que tienes que dejar de lado tu femeneidad (de hecho, probablemente sea más necesario que nunca preservar al menos un poco de ella), pero el criar a alguien del sexo opuesto puede generar desafíos a los cuales simplemente te tienes que adaptar.
Así que, si estás esperando un niño, conoces a alguien que lo está o tienes un pequeño niño que aún es más un bebe que un niño; he preparado una lista de pre-requisitos que necesitarás para ser la madre de uno de ellos.
De nada.
1. Debes amar la hora del baño.
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Y por ‘hora del baño’ no me refiero a ti sentada en una tina llena de agua con flores aromáticas, con el baño lleno de velas y una almohada inflable. Me refiero a que te debe encantar bañar a otros, porque los niños siempre necesitan hacerlo. Debes estar preparada para salpicaduras de aguas, olor a perro mojado, un piso empapado y toneladas de toallas sucias. Lo mismo cuando sean lo suficientemente grandes como para bañarse solos, excepto que ahí también tendrás como bonus un olor a perro mojado persistente luego de que hayan terminado e incluso aunque el jabón desaparezca como si se lo estuviesen comiendo. A menos que te quedes en la puerta y les recuerdes veinte veces usar el jabón… ¡en todas partes!
(Post-data: No compres jabón caro.)

2. Debes pensar que los pedos son divertidos.
Gracias a Dios, nací con un gusto no muy refinado a la hora del humor, por lo que no me ha costado lidiar con este tema. Los niños creen que los pedos son divertidos, punto. Y la manera como manejas esta situación puede determinar tu nivel de estrés. Si te ríes con ellos, todos se verán beneficiados. Si intentas que paren de reirse, sólo lo hara peor. Sólo sé enfática en que sepan que momentos y tiempos apropiados para que se les salga uno (por ejemplo, absolutamente no en la parte silenciosa de la misa o cuando están comiendo en un restaurant) y no tendrás que preocuparte de nada más. Incluso si personalmente no encuentras los pedos chistosos (en cuyo caso, me pregunto porque estás leyendo esto) tienes que aprender a tolerar a quienes sí lo hacen. Por que habrá mucho de eso desde ahora en adelante.

3. Debes estar preparada para una batalla constante – CONSTANTE – con el baño.
Desde el momento en el que supe que esperaba a mi primer hijo, estaba completamente decidida a hacer una cosa: enseñarle a usar el baño correctamente. Ya sabes, dejar la tapa abajo y todo eso. Un acto de cortesía. Siempre he sido una dictadora muy preocupada de mis hijos a la hora de este tema, porque uno de mis miedos es que crezcan y se conviertan en hombres que no bajan el asiento del baño. Wácala. Pero a pesar de mis grandes esfuerzos, siempre queda algo. Uno recuerda bajar el asiento pero no tirar la cadena. Otro recuerda tirar la cadena, pero no cerrar la tapa. El otro deja papel confort en lugares extraños, por ejemplo, colgando desde la taza o en el piso. (¡¿Qué?!) Y todos, absolutamente todos, gotean cuando se sacuden. Estoy continuamente recordándoles que le apunten bien, que tiren la cadena, que bajen el asiento, que cierren la tapa. Y para colmo, tengo que limpiarlo todo. Realmente es muy cansador mantener un baño limpio cuando hay un niño (o varios) usándolos.

4. Debes re-pensar tus estándares de ‘seguridad.’
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Esta bien, no hay necesidad que nadie me mande al Servicio de Protección de Menores: no estoy hablando de dejar que tus hijos anden en auto sin usar cinturón o que los dejes jugar con un encendedor. Pero piensa en esa madre que conoces (todos conocemos al menos una) que esteriliza el chupete y las mamaderas de sus hijos religiosamente. La mamá que está siempre pendiente y que jadea audiblemente cuando su precioso copo de nieve se cae suavemente. ¿Conoces a ese tipo de mamá? Sí. No puedes ser ella cuando tienes un niño, porque los niños son bruscos. Saltan cosas y se bajan de ellas, y se vuelven a subir y ruedan y se caen y se atajan y dan vueltas y corren. TODO EL TIEMPO. Prueban la tierra y la arena para gatos y el pegamento y el chicle endurecido que está debajo de los asientos del parque y las mesas de restauranes sólo por curiosidad. (Uno de mis hijos se comió un dulce que previamente había sido orinado). Intentan andar en sus bicicletas, scooters y skateboards más rápido que ningún otro niño e intentan ganarles a todos saltando en trampolines. ¿Y si tienes varios niños? Olvídalo. Hacen todo eso más pegarse y ocasionalmente tienen peleas de verdad donde se derriban y se arrastran.
Tan sólo preocúpate de tener parches curitas a mano y mirar para otro lado por un rato. Por tu propia sanidad.

5. No te debe sorprender el drama.
Quisiera tener un dólar por cada vez que alguien me dijo “Oh, que suertuda, los niños son mucho menos dramáticos que las niñas.” ¿De verdad? Porque mis hijos son lo más dramático que hay. Hay bastante pisoteo, rodar de ojos, sollozos, gritos, portazos e impertinencias en general en mi casa. No sé por que todos creen que los niños son naturalmente criaturas más tranquilas y agradables. Puede que sea porque los dramáticos arrebatos de mis hijos son sobre cosas ‘legítimas’, como cuando nos los dejo usar buenos audífonos o cuando tienen que usar el ‘jugador 2′ en la XBox. ¿Cierto? Hace no mucho, mi hijo de 8 años ‘odiaba totalmente esta casa y a todos sus hermanos’ luego de que una competencia de eructos escalara a niveles insospechados. Y luego de tropezarse con su cordón, mi niño de Kinder se tendió en el suelo y se lamentó entre lágrimas: “¡Este mundo es demasiado peligroso para alguien como yoooo!”
No dejes que nadie nunca te diga que tienes suerte porque los niños no son dramáticos. De verdad. Ni se lo imaginan.

6. Debes estar preparada para el desorden.
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A veces me vuelvo un poco loca cuando veo la condición en la que está mi casa. Pero a menos que te sea posible contratar una nana de tiempo completo, el desorden es algo con lo que tienes que aprender a lidiar. Y no estoy hablando solamente sobre el desorden de los juguetes. No importa que tan a menudo les grites y los amenaces y les digas, los niños no tienen mucha conciencia a la hora de dejar todo sucio con barro, pasto o manchar todo con pasta de dientes; o botar leche y luego quizaaaas limpiarlo con la esquina del mantel. (¿Y el baño de los niños? Mira el número 3.) Los niños también dejarán mocos en las paredes y las alfombras y botarán comida en todos lados como cerdos que comen. Esto no se debe a una falta de direcciones, créeme, siento que paso como el 75% de mis momentos despierta recordándoles mantener las cosas limpias y ordenadas. (Paso el otro 25% de mi tiempo limpiando todo el desorden que resulta cuando mis palabras les entran por una oreja y les salen por la otra.)
Todo esto se ve intensificado si tienes más niños o con la visita de múltiples amigos. Lo que nos lleva al siguiente pre-requisito…

7. Debes tener mucha comida a mano todo el tiempo.
Al principio caí por esta. Cuando los niños son muy muy pequeños, no comen casi nada y piensas “¡Que felicidad que mis hijos no comen tanto!” Y luego llegan a la etapa en la que – dios santo – ¿acaba de inhalarse esos huevos revueltos? Mi pequeño y delgado hijo de 8 años puede comerse un desayuno para un adulto y aún así reclamar que tiene hambre. Y siempre. quieren. comer algo. Mi refrigerador se abre cada 5 minutos cuando los niños están en casa. (Y entre medio de esos 5 minutos, están revisando la despensa.) Gastamos suficiente dinero en el supermercado todos los meses como para hacerme sentir un poco mareada cuando vamos a pagar, y aun así, siempre nos falta. Estas pequeñas máquinas de comer son como un grupo de langostas hambrientas, y cuando uno tiene algo, todos quieren lo mismo. ¡No puedo esperar hasta que sean adolescentes!*
*Que se note el sarcasmo. Puedo esperar sin problemas.

8. Debes estar preparada para pasar por MUCHOS, MUCHOS PARES DE JEANS.
He escrito varias entradas en mi blog sobre este mismo tema. Cuatro niños después y aún estoy totalmente anonadada a lo rápido que pueden arruinar un par de jeans que se ven resistentes. Se supone que la mezclilla es una tela fuerte y puede incluso ser usada por los leñadores, pero parece que no se la puede con los gateos, raspados, manchados y corridas de niños pequeños. Encuentro esto irónico porque…

9. Debes aceptar la desnudez.
No sé como mis hijos usan tantos pares de jeans porque no parece que los usen en casa. De hecho, parece que no usan nada en casa. En mi experiencia, desde el momento en que les es posible quitarse su propia ropa, lo harán. Mis hijos comienzan a sacarse la ropa al instante que llegan a casa del colegio. A veces se dan vueltas en ropa interior, y a veces hasta se sacan la ropa interior también.
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Lo que me lleva a mi último consejo…

10. Debes acostumbrarte a “su cosa”
Estoy hablando de su pene. El cosito. El pajarito. El tutututu, el pipí, la mercancía; o cualquiera sea el término que ocupes. Van a agarrarselo cada vez que puedan. (Revisa el número 9 para una estimación aproximada de cuantas oportunidades tendrán.) Tu adorable pequeño estirará la mano para agarrarse el de él apenas le quites el pañal, y en mis nueves años de experiencia siendo la madre de niños, no se detiene después de eso. Lo tocarán, lo estirarán y lo moverán en cualquier lugar, en cualquier momento que puedan hacerlo. Lo harán en la tina y mientras ven TV. Me he visto forzada a literalmente usar esta frase: “Deja de enrollar tu pene alrededor de tu tenedor.” Lo hacen de la misma manera en que otros se comen las uñas o juegan con sus pulgares: automáticamente, sin darse cuenta, inocentemente, frecuentemente. Después de un tiempo, ni siquiera lo notarás.
Probablemente estarás muy ocupada limpiando sus desordenes o comprando jeans nuevos.
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